¿Qué hace un asesor fiscal?

Parece una pregunta absurda pero generalmente en el ámbito fiscal existe, entre los pequeños empresarios y los autónomos, cierta confusión entre las funciones que desarrolla un gestor y las que realiza un asesor fiscal. Aunque ambos son imprescindibles y complementarios, he creído conveniente profundizar en las características del asesor fiscal.

El gestor es la persona (o la gestoría, la empresa) que se encarga del cumplimiento de las obligaciones fiscales: la presentación de los modelos de IVA o de retenciones, las altas y bajas en las declaraciones censales, la llevanza de la contabilidad, etc. En ocasiones, la gestoría también se encarga de la contestación de los requerimientos que realiza la Agencia Tributaria. Es decir, como su propio nombre indica, el gestor se dedica a la gestión fiscal y casi todos los pequeños empresarios o autónomos cuentan con uno.

SLXLMSin embargo, el asesor fiscal, también como su propio nombre indica, es el encargado de asesorar a su cliente, es decir, de optimizar la tributación. La diferencia fundamental es que el asesor fiscal no realiza generalmente tareas de gestión, sino que su trabajo consiste en estudiar la situación patrimonial y/o empresarial de su cliente, ya sea persona física o jurídica, para analizar si desde el punto de vista económico-fiscal se encuentra optimizada, es decir, si existen estructuras o modos de hacer las operaciones, siempre dentro de la legalidad, que puedan resultar más favorables al contribuyente o si existen incentivos fiscales que pueda aplicarse para pagar menos impuestos. Pongo el acento en lo de “siempre dentro de la legalidad” porque lamentablemente a veces nos encontramos con colegas de profesión que “venden” a sus clientes ahorros fiscales a través de operaciones fraudulentas, por lo que debes tener muchísimo cuidado a la hora de elegir a tu asesor fiscal. Basta con leer la prensa todos los días para ver ejemplos de fraudulentas recomendaciones que hicieron en su día determinados asesores fiscales a políticos, futbolistas, etc., que les han llevado a los juzgados.

Pero el asesor fiscal no siempre sirve para pagar menos impuestos; en ciertos casos sirven para detectar si no se está tributando correctamente, es decir, si se está tributando menos de lo que se debería y, por tanto, para mí la función del asesor fiscal la resumiría en “garantizar tu tranquilidad, sabiendo que estás pagando los menos impuestos posibles”.

También asesoramos a los clientes cuando, por no haber pasado antes por nuestro despacho, se encuentran con un requerimiento o una inspección de Hacienda.

Con los cerca de 20 años que llevo de experiencia, no puedo ocultar que, en el caso de los pequeños empresarios, la mayoría de inspecciones que llevo tienen su origen en una falta de asesoramiento fiscal, pues tienden a creer que con tener un gestor que presenta sus declaraciones ya han cumplido correctamente con la Agencia Tributaria. Pero no es así pues existen errores que se pueden cometer, aunque el gestor haya realizado su trabajo correctamente.

La mayoría de clientes a los que les analizo su estructura fiscal no han venido antes porque pensaban que “todo lo tenían perfectamente” porque un primo o un cuñado “que trabaja en un banco” les había dicho que lo tenían que hacer así. Sólo cuando llega la carta de Hacienda que su cuñado no entiende es cuando se plantean por qué no habrían ido antes a visitar a un asesor fiscal ya que, como sabréis, lo primero que hace Hacienda cuando detecta un error es, aparte de exigir lo debido, girar una sanción que va desde el 50% al 150% del importe de lo defraudado, además de los intereses de demora o los recargos que procedan. Pero nuestra función es (o debería ser) más preventiva que “curativa”.

La escasez de los recursos hace que en una pequeña empresa resulte aún más importante que en cualquier otra un estudio profundo de la situación económico-fiscal; no quiero ser agorera, pero conozco casos de empresas pequeñas que por una mala gestión fiscal han entrado en concurso, o autónomos que han perdido su casa, dado que carecían de los recursos necesarios para afrontar las sanciones de Hacienda. Ello da una idea de lo importante que pueda llegar a ser un buen asesoramiento.

Pero como decía antes, también es importantísimo el asesoramiento fiscal, no sólo para el caso en que no estamos tributando correctamente sino para cuando, haciéndolo, no estamos aprovechando todos los incentivos que pueden aplicarse. Es un caso muy frecuente que me encuentro en las empresas familiares pues, en la mayoría de los casos, no se planifica previamente la gestión económica de la misma ni la sucesión del negocio y, en ocasiones, ello da lugar a la imposibilidad de seguir el negocio por parte de los sucesores.

MXLLSAlgunos clientes se sorprenden del ahorro fiscal que pueden llegar a conseguir si hacen las cosas bien. Pero en España reducimos los costes al máximo sin saber que a veces un pequeño coste, como pueda ser el de un asesor fiscal que esté pendiente de nuestro negocio, puede producirnos un ahorro diez veces superior a sus honorarios. No es casual que la mayoría de las grandes empresas hayan ampliado, en época de crisis, su plantilla de asesores fiscales.

En otros países, la figura del asesor fiscal (o patrimonial) está ampliamente extendida por su contribución al bienestar económico de las familias. Se trata de aquella persona que te asesora teniendo en cuenta tu patrimonio, si estás casado en gananciales o en separación de bienes, el número de hijos que tienes, los ingresos y gastos del mes, dónde invertir mejor, si debes endeudarte, o no, si debes cobrar un sueldo de tu empresa o no, qué parte de lo que le dejes a tus hijos se lo va a llevar Hacienda, si te resulta mejor planificar la jubilación con un plan de pensiones o con unos fondos de inversión, si estás amortizando los bienes de tu empresa de la forma que te ahorre más impuestos, etc. Todo ello no es tarea del gestor y, por tanto, no podemos exigírselo.

Sin embargo, en España los ciudadanos creen que no necesitan de los servicios de un asesor fiscal (más allá de para que les hagan la declaración del IRPF), que eso es sólo cosa de grandes empresas o patrimonios. Bajo mi punto de vista, se trata de un gran error que contribuye a que la competitividad de los pequeños negocios y la rentabilidad de las familias siga estancada en España. Los pequeños empresarios nos quejamos de que pagamos muchos impuestos, pero tampoco nos preocupamos de si podríamos pagar menos o de si lo que pagamos está bien pagado. Así somos.

Helena Pujalte Méndez-Leite
Gabinete Tributario
gabinetetributario.com

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