Emprender con una Asociación: características y Órganos de Gobierno*

Tradicionalmente se ha asociado al emprendedor bien con el autónomo, bien con quien monta una sociedad mercantil. Cada una de estas opciones refleja una manera distinta de organizar una actividad empresarial o profesional. Sin embargo, estas no son las únicas alternativas que hay: el asociacionismo es otra de ellas.
Para muchas personas, emprender significa encontrar una forma tanto de autorrealización personal como de autoempleo. Si lo que no se persigue es un lucro mercantil pero sí cubrir gastos de funcionamiento, crear una asociación puede ser un vehículo ideal para llevar a cabo un proyecto, con frecuencia muy gratificante desde el punto de vista humano.
Qué caracteriza a una asociación
Tanto los entes corporativos como los fundacionales, son personas jurídicas, pero mientras que las fundaciones tienen como base una masa de bienes, lo fundamental de los entes corporativos —sociedades y asociaciones— es que reúnen a personas.

A su vez, mientras que la sociedad es el contrato por el cual dos o más personas ponen en común bienes, dinero o trabajo (“industria”) con el fin de partir entre sí las ganancias, las asociaciones tienen por fin no lograr un beneficio, sino satisfacer una serie de intereses, sean propios de sus asociados o de tipo general.
La asociación no tiene nunca un ánimo de lucro per se, pero como veremos más adelante, ello no impide que pueda emplear a personas o desarrollar actividades económicas que le permitan allegar fondos indispensables para cumplir sus fines y pagar a sus empleados o a quienes les presten servicios.
Esto plantea una primera cuestión que ha de tenerse siempre presente cuando de emprender con una asociación se trata: no estamos ante una sociedad cuyos socios son sus dueños y que ostentan derechos en función de su porcentaje de participación en el capital. Los miembros de una asociación no son sus dueños últimos sino que ella misma es la dueña directa y última de sus bienes.
La asociación ni puede distribuir un beneficio en forma de dividendo a sus asociados, ni al disolverse y liquidarse su patrimonio, se distribuye el remanente entre los asociados. Al contrario: desde el inicio de la vida de la asociación, sus estatutos marcarán de manera más o menos específica, el destino que tendrá su patrimonio remanente, caso de que quedase algo. Es típica una cláusula que diga algo como que “se entregará a asociaciones de la provincia que tengan fines similares”, por ejemplo.

Una asociación debe contar en todo momento con al menos tres miembros, sean personas físicas o jurídicas. No es una plutocracia, como lo es una sociedad, sino que se rige por el principio democrático. En este sentido es muy expresiva la Exposición de Motivos de la Ley Orgánica 1/2002 de 22 de marzo, reguladora del derecho de asociación, que vale la pena leer.
Es importante tener en cuenta con quién se asocia uno y a quién se admite como asociado, para evitar que tras mucho trabajo llegue alguien y “nos la levante”, aunque sea por vías “democráticas”. Es mejor ser pocos y bien avenidos, que acoger peligrosas ambiciones personales que en la práctica demuestran ser más destructivas que creativas e integradoras.
Órganos de una asociación
Cada asociación tendrá al menos dos órganos colegiados y dos unipersonales, que se deducen el reglamento. Los órganos colegiados son la asamblea y la junta; y los órganos unipersonales son el presidente y el secretario.
Además, cada asociación podrá prever los órganos adicionales que tenga por convenientes: por ejemplo un tesorero, un consejo consultivo, una comisión de trabajo de carácter temporal de modo que se separen los órganos de estudio y propuesta de un asunto, de los órganos decisores, típicamente la junta y para las cuestiones de máxima importancia, la asamblea.
La asamblea es el supremo órgano de gobierno de toda asociación y a ella pertenecen todos los asociados, con derecho de voz siempre y, en todo caso, con derecho de voto si no han sido privados del mismo (por ejemplo, por impago de cuotas, entre otras causas posibles y de interpretación restrictiva).
La asamblea se reúne una vez al año para aprobar las cuentas, y además es el órgano que decide sobre el nombramiento de cargos de la junta, la modificación de estatutos, la venta de bienes, la disolución de la asociación y la remuneración de sus órganos directivos. No vale delegar estas cuestiones en ningún órgano que no sea la asamblea.
Todo lo demás lo podrá hace la junta, que es el órgano de dirección y representación de la asociación. La junta debe estar formada por al menos dos miembros, que deben ser asociados. Como se verá más adelante, los miembros de la junta tienen una responsabilidad especial, tanto frente a la asociación como frente a terceros.
El presidente de la asociación ostenta sin duda alguna un papel de liderazgo, convocando la junta y la asamblea y moderando los debates. El secretario tiene una función de apoyo directo de la labor del presidente: redacta las actas de las reuniones y por lo general también las convocatorias; a falta de tesorero, suele gestionar la contabilidad y ordenar los pagos con el visto bueno del presidente; además lleva el libro de asociados, el inventario de bienes y expide los certificados, estos con el visto buen del presidente.
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La renovación de cargos de la junta puede ser anual o no. Muchos proyectos necesitan un tiempo para consolidarse y nada impide que los cargos se nombren por periodos de tres o cuatro años. Cosa distinta es que anualmente se presenten cuentas y que sea muy deseable presentar al inicio del año un presupuesto —siendo las cuentas la liquidación del mismo—, y un programa de actividades —siendo la memoria el resumen, entre otras cosas, explicativo del grado de ejecución de las actividades propuestas al inicio del ejercicio.

Lo importante a la hora de emprender no es entrar en una estructura complejísima de llevar, sino tener una buena idea y ponerla en práctica. Sin esta efectividad, una idea carece de valor. Además, es harto frecuente que esta evolucione y se vaya refinando según se trabaja en ella.

Por tanto, la recomendación que se daría a cualquiera que decidiese emprender con una asociación, es que mantenga una estructura lo más sencilla posible, al menos mientras otra más compleja no esté perfectamente justificada. No se trata de perdernos en nuestros propios papeles, sino de que estos sean instrumentales al logro eficaz de un fin, disfrutando de las ventajas que ofrece la ley en materia de asociaciones y que, como se verá, son unas cuantas, pero sin hacer de la asociación el centro de nuestra atención: lo importante, es la actividad en sí.

Cristina Falkenberg

Asociación Protectora de animales Marina Alta

Nota del Social Media Manager*

Cristina Falkenberg ha redactado un excelente texto que aclara todo lo relativo a las asociaciones y al asociacionismo. Como artículo es demasiado extenso para un blog, por lo que requiere que lo compartamos en varias partes, cuyo total ofrecerá un completo tratado sobre este tema. Aquí os mostramos la primera de ellas.

Gracias, Cristina, por tu implicación y por tu trabajo.

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